Denuncian la muerte de una niña wichi por falta de agua

POLICIALES 10 de noviembre de 2022 Por redaccion
Luciana vivía con su familia en el paraje La Carpa, en El Impenetrable chaqueño, donde no hay agua potable; su hermana, de apenas 30 días, también está internada
POBRES

Luciana, una niña de dos años de la comunidad wichi que habitaba en el interior chaqueño, en el corazón geográfico de la provincia, murió días atrás antes de llegar al centro de salud más cercano a su casa. La familia cree que fue intoxicada con el agua estancada que consumen, a falta de una red potable, de tanques o cisternas. Creen también que es la razón por la que internaron a la integrante más pequeña de la familia, de apenas un mes de vida, que tiene un diagnóstico todavía abierto en el hospital de Castelli, ubicado a 260 kilómetros al sudoeste de Resistencia.

El trágico desenlace se produjo el viernes pasado. Era temprano a la mañana. Luciana tenía fiebre y problemas para respirar. Una tía hizo esfuerzos para llevarla a un médico. En el centro de salud, la enfermera que la recibió ya no detectó signos vitales. Alertada de la situación, pidió auxilio y una ambulancia al hospital de Castelli. Los médicos sanitaristas, luego de confirmar la muerte, trasladaron el cuerpo de la niña hasta la morgue del hospital, donde se le practicó una autopsia. Mientras aguardan esos resultados, la familia no tiene consuelo: dice que la nena murió por pobre, por wichi y por tomar agua de una zanja, de donde también se sirven los animales.



 
Para el sistema sanitario provincial, la niña ingresó sin vida al centro de salud del paraje Las Hacheras. El certificado de defunción, de hecho, habla de una “muerte dudosa”, razón por la cual dieron intervención a la Fiscalía de Investigaciones. En paralelo, la hermanita menor de Luciana, de apenas 30 días de vida, hizo fiebre en las últimas horas. La bebé, junto con sus padres, se encuentra internada en el hospital General Güemes de Castelli.

La muerte de Luciana
El hecho ocurrió el viernes a las 8.30 de la mañana, según contó a LA NACION el hermano mayor de la víctima, Liceo Peña. Al parecer, la niña hizo fiebre y tenía problemas para respirar. Cuando la situación se agravó, una tía la acercó a la sala de atención primaria. Pero fue demasiado tarde.

Luciana vivía con su familia en el paraje La Carpa, en la zona del Impenetrable, en el centro de la provincia del Chaco. La sala de atención primaria más próxima atiende con una enfermera en el paraje Las Hacheras, a unos 7 kilómetros de allí, muy lejos para quienes no tienen con qué cubrir ese trayecto que además es dificultoso. Miraflores, que es el municipio de la zona, queda a 33 kilómetros de la sala. Hasta Castelli, cabecera del departamento, hay 80 kilómetros.

La familia Peña habita su paraje en condiciones muy precarias. No tienen energía eléctrica y las casas son de adobe, incluso los techos. Pero además, carecen de agua. No tienen un abastecimiento natural por problemas de acceso a las vertientes, que por si fuera poco están bajas por los efectos de la sequía, que lleva años. Y al no tener agua potable de red, hacen lo que pueden para hidratarse. En los últimos días estaban tomando agua de un pozo tipo charco, de donde también se abastecen los animales: chanchos, perros, vacas, caballos.

Los camiones cisterna que deben abastecerlos no llegan con regularidad. Incluso hacía varios días que no llegaba, hasta que fue llamado por la tragedia. Según dicen los pobladores, volvió al paraje el viernes, después de la muerte de Luciana.

“Si no viene la cisterna municipal y nosotros queremos comprar el agua, una camioneta nos cobra 2500 pesos por un tanque de 1100 litros, que nos alcanza para un día”, dijo Liceo Peña.

“El abastecimiento de agua para las familias indígenas es una variable de ajuste. Y cuando el camión se descompone, no suele haber dinero para arreglarlo de inmediato. Es una situación que se agravó en los últimos años”, dijo a LA NACION Luis Puentes, miembro de la fundación DAR, una ONG presente en todo el país y que en este caso trata de ayudar a los niños de las familias indígenas del Impenetrable.

“Tampoco tienen teléfono para comunicar las urgencias. Es una situación muy difícil que genera este tipo de cosas, y esto que le pasó a la niña es una muerte perfectamente evitable”, añadió.

La versión oficial
Para el sistema de salud del Chaco, Luciana era una nena sana. “La paradoja del caso es que la niña fallecida estaba con todas las vacunas al día, tenía el calendario completo y no registraba antecedentes. Sí, al nacer, se le detectó una alteración que debía ser tratada: tenía déficit de tripsina”, informó a LA NACION la ministra de Salud del Chaco, Carolina Centeno.

El déficit de tripsina es una afección por la cual el cuerpo no produce suficiente cantidad de AAT, una proteína que protege de daño a los pulmones y al hígado. “La clave es que esa misma alteración ahora se le detectó a la beba que está internada”, completó la funcionaria.

En este momento, según Centeno, el Ministerio de Salud y todas las áreas sociales del Estado trabajan para contener a la familia, mientras esperan de la justicia los resultados de la autopsia para determinar fehacientemente la causa de la muerte.

La familia dice que fue por el agua. Una infección por el agua en mal estado que están consumiendo todos en la comunidad de La Carpa, no solo los miembros de la familia Peña, que son muchos y conviven en cuatro ranchos de barro.

Desde Salud Pública dicen que no lo pueden afirmar. Que el agua en todo caso no produciría cuadros respiratorios, que es lo que la niña tenía según el relato de los familiares: dificultad para respirar y fiebre desde el martes, hasta su muerte el viernes.

“Como nosotros la recibimos ya fallecida, no podemos saber lo que pasó hasta estudiar el resultado de la autopsia. Tenemos que determinar en todo caso que la pequeña no haya sido envenenada por esa agua”, agregó Centeno, ministra y médica sanitarista.

De luto, en vigilia y reclamando
Liceo Peña, en tanto, relata la tragedia familiar con calma, pensando en castellano lo que naturalmente puede contar mejor en wichi. Dice que ellos no saben nada. Que nadie les habló: ni el intendente de Miraflores ni nadie del Gobierno. Que los médicos casi ni les hablan y que, cuando lo hacen, no se hacen entender. La barrera cultural e idiomática es otro problema, aunque el Estado cuenta con intérpretes y facilitadores.

Liceo tiene 27 años, esposa e hijos, pero ahora acompaña a sus padres y su otra hermanita internada, Marisol. Está allí, tratando de ayudar, pero no sabe bien cómo hacer para quedarse cerca, porque en el hospital no tiene lugar. Dice que en su familia se sienten maltratados. “Somos burlados y discriminados por la raza. Nos abandonan”, dijo en tono de queja.

“Queremos hablar con alguien, con el director del Hospital, con alguien del Gobierno. Queremos que nos vayan a ver a la comunidad, porque necesitamos ayuda”, pidió luego.

Según Liceo, además de materiales para la mejora de sus viviendas, la prioridad es el agua. Una perforación que los ayude a tener ese líquido vital de manera continua y cercana. También hablan de la luz y de los servicios de transporte.

Son las mismas carencias, entre otras, que mencionan tanto la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Regional Chaco Impenetrable, como la Junta Unida de Misiones (JUM), que es una organización cristiana. En conjunto, ambas instituciones emitieron un comunicado para transmitir sus condolencias a la familia Peña, “perteneciente a la comunidad wichi que vive en el paraje La Carpa y que esperan hace años la entrega del Título de Propiedad Comunitaria Indígena de su tierra”.

El lugar cuenta “con un camino de difícil acceso y tránsito, donde no hay agua potable, escasean los alimentos y donde (se impone) la impunidad de algunos criollos que mediante el uso de la violencia se apropiaron de parte del territorio indígena”, denuncian.

Según el comunicado, al que accedió LA NACION, estos “criollos” de la zona “le han prohibido el acceso a una reserva de agua llamada El Diamante, lugar indispensable para poder buscar el agua necesaria que requieren las familias wichi para vivir”.

Dicen también que frente a la necesidad de que el Estado les garantice el derecho al agua, “los proyectos para construir techos recolectores, el alambre perimetral para cerramiento y las cisternas/tanques de almacenamiento cayeron por el exceso de requisitos formales y las exigencias por parte de la burocracia de los organismos internacionales de financiamiento como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y su brazo ejecutor el Estado Nacional a través del Ministerio de Ambiente de la Nación”.

Plantean, asimismo, que otro proyecto de construcción de cisternas del Plan de Acceso al Agua se encuentra aprobado, pero la burocracia de la Dirección General de Programas y Proyectos Sectoriales y Especiales, parte de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, demora su ejecución.

Por esta razón, tanto Derechos Humanos como la JUM exhortó al gobierno del Chaco y a la Municipalidad de Miraflores a que se constituyan de forma inmediata y sin demoras para garantizar a las familias wichi del paraje La Carpa el derecho fundamental al agua y el respeto de su territorio ancestral.

LA NACION 

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