Condenaron a 50 años al empresario que violó a sus 4 hijas

POLICIALES- JUDICIALES 23 de septiembre de 2021 Por redaccion
Alejandro Rosario Manuel Leguizamón, de 55, fue condenado este jueves a 50 años de prisión por el abuso sexual de cuatro de sus hijas.
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La pena, que es la misma que había requerido el fiscal Pablo Masferrer, fue dictada por el Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de Morón, integrado por los jueces Mariana Maldonado, Claudio Chaminade y Juan Carlos Uboldi.

Apenas se conoció la sentencia, las hijas del acusado, que no estuvo presente en la sala de audiencias, estallaron en llanto.

Leguizamón, dueño de una fábrica de membranas, vivía en su casa de Castelar Sur con su esposa y sus 11 hijos, adonde cometió los abusos.

 

El caso

Todo arrancó con la denuncia de Romina, una de las hijas de este empresario de la zona oeste del conurbano.

Cuando la chica tenía 26 años ya llevaba más de dos décadas soportando los abusos de su papá, Alejandro Rosario Manuel Leguizamón, un empresario de Castelar dueño de una fábrica de membranas.

Cuando lo contó en su casa, tres de sus hermanas también revelaron sus calvarios: habían pasado por lo mismo. Se animaron a denunciarlo el 16 de abril de 2016 y este jueves, cinco años después, escucharán el veredicto.

“Me costó mucho tiempo tomar la decisión de denunciarlo, me decidí tras hablar con mis hermanas”, dijo Romina, hoy de 32 años y trabajadora de la salud. Fue violada sistemáticamente por su padre desde que iba al jardín de infantes, cuando tenía 4 o 5 años. También atravesaron la misma situación tres hermanas: Soledad (30), Carolina (29) y Evangelina (27).

Leguizamón (55) vivía en su casa de Castelar Sur con su esposa y sus 11 hijos. “Lo mío con vos no es abuso, es incesto. Yo estoy enamorado de vos y juntos tenemos que hablar con tu mamá para que haga una terapia y lo acepte”, le escribió en una carta a Romina. La firmó, escribió su número de DNI, le puso la fecha y agregó: “Si querés denunciame”. Pero días después le quitó el papel y lo hizo pedazos.

“No digas nada, si vos hablás me pego un tiro y le va a pasar algo a mamá”, le advertía. Romina narró parte de las aberrantes situaciones que atravesó. “Camino a mi casa me quiso obligar a entrar a un hotel, me quise tirar del auto y eso hizo que se arrepintiera. Se puso a llorar, me pidió disculpas”, afirmó al medio Primer Plano.

Leguizamón “no dejaba que sus hijas tuvieran novio, debían esconderse de él todo el tiempo”. No las dejaba salir de la casa y “tenían que turnarse para rascarlo en el cuerpo y los genitales”. Les ordenaba: “Que venga a rascarme una de las chinitas”.

Si se negaban, “les pegaba con un cinto o con un fierro enrollado con cinta aisladora de color azul”, indicaron las fuentes a Clarín.

En el juicio, que empezó el 6 de septiembre, el acusado negó todo y denunció “un plan” orquestado por su familia para quedarse con su fábrica de membranas, que sigue a su nombre. Por eso, su abogada defensora pidió que lo absuelvan.

Para apuntalar a las acusaciones fueron claves dos testimonios. El de uno de sus socios en la empresa, a quien tras un allanamiento le dijo: “Esto es porque estoy enamorado de mi hija”. Y de una vecina del negocio, a quien Romina le contó, llorando, que era abusada por su padre. Cuando fue a increparlo, Leguizamón se defendió diciendo que lo de ellos era “una relación sentimental”.

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